10.- Exaltación. ¿Qué es España?
Soy un esclavo de la propia exaltación. La exaltación para mi es como un mal crónico que me ataja; tan crónico que me sujeta en todas sus partes. Entiendo, además, que un hombre sin exaltación es como así un cuerpo inerte o muerto para mayor claridad.
Los pueblos que no tienen momentos de exaltación tampoco viven; por eso no vive Aragón, porque no se exalta de nada ni por nada; así sucede con sus moradores. La exaltación es un movimiento filológico [sic] que difícilmente se describe. Es una corriente difícil de detener y de retener. Es enemiga de la pasividad. La exaltación tropieza con muchos obstáculos que solamente comprendemos y desciframos los que poseemos ese don de grandeza, de temperamento. Los pasivos desconocen esa virtud como que no sienten, difícilmente van a comprender la espontaneidad de los demás. Ejemplos, muchos. A un aragonés pasivo le preguntan. ¿De dónde eres, maño? Soy español... (qué honra para Aragón...). En cambio a nosotros, a los exaltados, se nos pregunta si somos de Aragón, y respondemos afirmativamente, sin negar la Patria.
Alguien dirá a qué saca punta esta mal sonante argumentación: pocos, muy pocos, me comprenderán y verán que saco punta y afilo de paso.
Años atrás, hace algunos, con motivo de la inauguración de un edificio aragonés hubo un escritor, también aragonés y exaltado como yo, Angel Samblancat, insultó [sic], es decir, no insultó, decía la verdad sobre unos chanchullos aragoneses, y llegóse a exaltar aquella gente pasiva, alegre y confiada; fueron a la Redacción del periódico a encontrar al escritor aragonés para romperle la cabeza, pero fue una exaltación de media hora durada, a [sic] nuestros días ni a eso se llega. Voy a probar si exalto quince minutos a mis paisanos de Barcelona, y si no se exaltan, comprenderé dos cosas; primera, la existencia del criterio estúpido que creo existe entre los aragoneses y que a veces reafirmado [sic] entre mis amigos, eso si no dicen nada; segunda, si se mueven antes [sic] mis afirmaciones, creeré que llevó razón y valen mis argumentos.
Pregunto yo: ¿Que es España? Repito la pregunta: ¿Qué es España? ¿Cuántos aragoneses pasivos podrán decirme qué es España? ¿Es una nación? No, cuando no tiene ni lleva unidad de idioma. ¿Una nación no debe ofrecer una unidad de idioma, de carácter, de costumbres, de hechos, de Historia y demás cosas que caracterizan una unidad? ¿Existe eso aquí? ¿Verdad que no? Entonces, ¿por qué los aragoneses pasivos e ignorantes de hechos y derechos se atreven a llamarse una cosa que no existe? En un caso así no hace falta que aparezca la exaltación, germen de una virtud que profesamos.
¿Qué limites geográficos posee eso que se llama España? ¿Dónde existe la frontera de la nación española? ¿Dónde termina y dónde comienza la nacionalidad española? Porque si en Iberia los pueblos se disgregan y forman su pequeño Estado agregado con otros Estados o no agregados, Castilla se va por su lado, Cataluña y Aragón vuelven a juntarse y los demás hacen lo mismo, ¿dónde queda la patria española?
¿Hay algún aragonés que pueda o se atreva a deshacerme esta argumentación? Si lo hay, que salga. Lo que no admito, y es lo que me exalta, es que se llamen mis paisanos una cosa que no son ni podrán ser nunca, porque un chino, ni aunque se naturalice, no podrá ser nunca francés, como no lo podré ser nunca yo, porque he nacido en Aragón, patria de los aragoneses.
¿España es, pues, un Estado? Sí, pero no un Estado de pueblos federados de mutuo respeto, no un Estado diplomático y reconocido legalmente y respetado como son los Estados americanos que se agrupan voluntariamante para defenderse de los distintos centralismos que dominan al mundo. España (llamemosle así) es un Estado de caciques y bandidos, como decía Samblancat. Es un Estado de vividores de la política que hoy se llaman republicanos y mañana monárquicos: volcheviques [sic], socialistas, cristianos, anarquistas, católicos, sindicalistas, radicales, posivilistas [sic], reformistas y demás farsas modernas, todos caben en la política de España. Burros, tontos y sabios, todos se entienden. Este es el gráfico positivo de España, de esa España que adoran los aragoneses ignorantes, no aquellos que tenemos y poseemos uso de razón; por eso ahora y siempre somos y seremos aragoneses.
El noventa y nueve por ciento de los aragoneses de habla castellana no siente el orgullo que Siento yo de haber nacido en Aragón. Ellos más bien sienten la vergúenza, por eso se llaman a veces españoles; yo, no: soy aragonés.
Fuente: El Ebro, 73, octubre de 1922. |