14.- Umbral. El problema de Aragón
Un poco extenso va a resultar el "Umbral", de hoy, pero no te pese caro lector: lee con detención [sic], escucha y vuelve a leer que no te penará el haber invertido unos minutos en esta lectura que te ofrece un paisano, que hace años viene luchando por el renacimiento de Aragón.
Hasta ahora conocía nuestra tierra, nuestros hombres, su manera de actuar a través de Cataluña, de sus libros y revistas; hoy conocemos el problema desde casa, desde el interior, no del exterior, como hemos apuntado. Hay mucho que hablar. Empecemos.
Aragón, hasta la hora presente no ha tenido representantes en Cortes a pesar que algunos llamados ediles (?) han desempeñado cargos elevados en el Gobierno del Estado, incluso ministros, pero de la Corona, no de Aragón; no llevados allí como los catalanes, por el impulso de las ideas y normas a seguir. El nombre de Aragón ha sido nulo para unos y para otros; para representantes y para representados. Tú lo sabes, pueblo, tanto como yo; escucha y no te avergüence la verdad de los hechos; pero tú eres el primer causante de nuestra decadencia: del desgaste de Aragón.
Otro factor ha ayudado considerablemente a la empresa de nuestro decaimiento nacional; éste ha sido el intelectual, que tampoco ha sentido nuestra alma ni nuestra raza; al contrario, ha procurado desvirtuar toda tentativa de renacimiento y ha soplado la luz que alguna vez nos iba a iluminar, nos iba a despertar.
Recuerda, lector, que al iniciar desde Barcelona el regionalismo de Aragón, a base de pedir a los poderes constituidos una amplia autonomía para nosotros por las entidades allí formadas, como son la Unión y la Juventud Aragonesista, repercutió enseguida la idea y pareció que los aragoneses habían reaccionado.
Chispazos aragonesistas salieron por los contornos de nuestra tierra, y allí donde pareció que el movimiento tomaba incremento verdad fue en esta parte alta de Aragón, en los distritos de Benabarre y Boltaña. Salió el caudillo, o pareció serlo y, francamente hemos de decir, que levantó el espíritu dormido del pueblo que ansiaba libertad, gesto que no podemos olvidar, realizado por don José Maria España [sic].
Sembró y quedaron semillas, éstas, hoy principian a salir y dudamos que pronto florecerán y brotarán de sus capullos aromas y normas para lo futuro. Pero...
Pero sí, no faltaron rivalidades: las eternas, las de siempre, la del sector que más arriba hemos citado, hemos apuntado, como constantes y causantes de la desnacionalización de Aragón: El individualismo de los prohombres de Zaragoza. No vieron, no quisieron ver que aquello era el principio de nuestro renacimiento, que brotaba de unos hombres buenos y puesta la fe en el porvenir de esta tierra tan lastimosa por el caciquismo.
No vieron ni se aproximaron al movimiento. Dudarán, no de ellos solamente, sino hasta de nosotros, los aragonesistas de la Ciudad Condal. No les cabía en la cabeza que el resurgimiento aragonés surgiera en Cataluña y de los emigrados paisanos. Empero, quisieron formar en Zaragoza una Unión Regionalista y aprobaron el programa que hemos publicado con la venia y conformidad de todos.
Se les entregó el mando del partido, y tanto las fuerzas regionalistas de Graus, como las personalidades de los señores de Bastos y España y las entidades de Barcelona, se sometieron al caudillaje de aquel organismo, que fué una esperanza verdadera para todos por la reelección de los hombres que la componían. Fracasó aquello, ¿por qué? Por el eterno individualismo que llega a dominar a las más altas inteligencias. Sostenían como tesis, «Aragón, para los aragoneses», tesis que nosotros seguimos manteniendo sin que despreciemos la labor desinteresada de aquellos elementos que, si bien no son aragoneses de nacimiento, han buscado para esposa y compañera una aragonesa, y de su fruto han dado hijos aragoneses, netamente de Aragón.
Pero pronto vendrá, que de esta alta montaña surgirá la organización regionalista debidamente ordenada y de común acuerdo con las fuerzas agrícolas, daremos la batalla al caciquismo y a los falsos aragoneses.
Regionalismo y Agrarismo debe ser nuestro lema, ya que el espíritu y el trabajo deben ir unidos para hacer un Aragón grande, próspero y esplendoroso, digno de nuestros antepasados.
Fuente: El Ebro, 161, octubre de 1930. |