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16.- Pensemos en Aragón

Ya es un hecho la aprobación del Estatuto catalán, el primero que se ha presentado y se ha discutido libremente -tal vez con exceso de libertad parlamentaria- en las Cortes Constituyentes, las que tenían el compromiso ineludible, moral y material de apro­barlo para dar satisfacción a Cataluña.

Todos hemos hablado en el aspecto estatutario, en desmasía, tanto para atacarlo como para defenderlo. Reconozcamos esa lige­reza de pensamiento; ahora a pensar en Aragón, nada más que en Aragón, sobre las consecuencias que pueda tener Aragón y la res­ponsabilidad que sobre nosotros podemos tener de no saber en­cauzar en estos momentos la vida interna de nuestro pueblo.

Implantado una vez en Cataluña el régimen autónomo -es un principio de autonomía, solamente- no cabe duda que a Aragón, se le presentarán litigios y conflictos de orden interegional [sic] que, nosotros no podremos resolver satisfactoriamente, porque no tendremos gobierno propio como tendrán los catalanes, si conti­nuamos paralizados como andamos ahora; más si en estos mo­mentos sólemnes de vida o muerte de los pueblos hispanos, Ara­gón sabe levantar la cabeza y se presta a la lucha interna, como debe ser, y forma su Estatuto, ya no seremos tutela del Centralis­mo ni esperaremos que el Gobierno central nos resuelva los distin­tos conflictos que se avecinan. Si así fuera, es decir, que no supié­ramos unirnos y formar nuestra petición, caeríamos en la mayor vergüenza que pudiera caer la tierra o el Pueblo de la Libertad y de la Democracia . Si pensamos en Aragón, solamente en Aragón, y nos sentimos egoístas y actuamos como aragoneses, todo eso, es fácil conseguir, pero si nos entretenemos a discutir si una Autonomía Municipal o Comarcal seria mejor, o simplemente una Autonomía Administrativa, pasaremos los años sin resolver nada.

Las leyes, o sea la Constitución española, habla de Autonomías regionales, no comarcales ni municipales.

Aragón, como Cataluña, debe pedir el máximo de atribuciones para el régimen interno, y un vez obtenidas, si el sentimiento o criterio municipalista cunde, progresa y se cree más conveniente por responder mejor nuestro espíritu, es Aragón que [sic] lo debe implantar para su gobierno, pero pretender como alguien pretende en la actualidad, principiar por la autonomia municipal, es decir de abajo arriba, es una utopía que no debe admitirse, y es alejar para una serie de años el problema de nuestra tierra.

Si pasamos el tiempo en disquisiciones de esta naturaleza, reconozcamos, que tal vez cuando queramos aunar el espíritu ara­gonés en una forma sólida y estable, no lleguemos a tiempo por razones que con anterioridad se ha [sic] expuesto y ha [sic] levan­tado cierta inquietud en algunos puntos de Aragón.

Ténganlo presente los aragoneses todos, sin distinción. Pense­mos en Aragón y actuemos como aragoneses, única forma de que nuestro pueblo despierte de una vez y formemos nuestro Estatuto Autónomo, cuanto más amplio mejor, y una vez obtenido, vayamos a la autonomía municipal, si la creemos más positiva, mientras tanto a laborar exteriormente por y para Aragón.

Fuente: El Ebro, 182-183, agosto-septiembre de 1932.
 
     
   
 
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