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24.- Por la República Federal

Sabido es que se aceleran y adelantan los acontecimientos si bien uno no puede precisar hacia el lado que puedan inclinarse, pero que se precipitan es innegable. Que los ven y preparan mejor las derechas que las izquierdas, no hay duda. Siempre a [sic] las izquierdas, por su buena fe, por su condescendencia y contempla­ciones con el enemigo van a la derrota y les sorprenden los acon­tecimientos como nos sorprendieron las elecciones del 12 de abril que barrieron la monarquía centralista y borbónica, como nos sor­prendieron las elecciones legislativas del noviembre del 33.

De la buena fe y confianza no se vive ni puede nutrirse el pu­chero, como vulgarmente decimos. Hay que ir prevenido y recelo­so, desconfiado y avispado a la vez. No debemos ser los republica­nos ni tan bobos ni tan cándidos ni tampoco descuidados.

Debemos tener siempre el ojo abierto mirando a la derecha y a la izquierda y no perder de vista al enemigo, lo mismo que hacen ellos. Hemos de saber siempre a dónde vamos y a qué vamos, que nunca lo sabemos.

[Censurado]

Hay que prepararse, republicanos, para la nueva contienda ve­nidera para que de ella salga algo más práctico que ha salido hasta ahora [sic]. Son varios los escarmientos y las enseñanzas que los republicanos hemos tenido y sufrido, no de ahora, sino de antes. Las lecciones bien están [sic] que sirvan para algo de provecho. La República del 73, debió servirnos de enseñanza y de prevención ya que aquella República -dicen- la trajeron los mismos monárqui­cos, más no ésta, que la trajo el pueblo y la trajo con bandeja [sic], pero no se le dio un contenido verdaderamente de cambio de ré­gimen como el pueblo esperaba. No pasaron muchos meses a ser aceptados, dentro el régimen republicano [Sic], a hombres monár­quicos que estaban a la emigración, condenados precisamente por los mismos monárquicos y darles los primeros puestos en el man­do de la República.

Se quiso centralizar la parte social, y como era de esperar fraca­só porque cada pueblo, cada nacionalidad, tiene su modo de ser social y resolver sus problemas [sic]. Tampoco, y por más que se diga, se dio satisfacción al pleito autónomo.

[Censurado]

Se dejó sin corresponder a los demás pueblos de tradición fede­ral y que gozan de una personalidad distinta de los otros, como son Galicia, el País Vasco, el País Valenciano, Aragón, de tradición fe­deral arraigada; toda nuestra historia es así. La misma Castilla; Andalucía, que ya ha dado pruebas de desear su autonomía, a to­dos estos pueblos dejó de corresponder el régimen republicano. Se ha dicho y se dice que la Constitución abre las puertas a las regio­nes que deseen emanciparse, ¿pero qué no de trabas se les impo­ne? Qué no de plesbiscitos y demandas tiene que hacer y por los trámites que ha seguir siguiendo [sic] el riesgo, que si fracasa en su primera intentona, no puede solicitarlo de nuevo hasta cinco años transcurrido. Peor traba no puede ponerse. Ahora no hable­mos del regateo; lo hemos visto con el Estatuto de Cataluña.

¿Qué no puede ocurrir en cinco años? En menos de cinco que llevamos de República ¿qué ha sucedido?

Bastante se ha discutido y pensado sobre federalismo y la posi­ción geográfica de los diversos pueblos peninsulares, su persona­lidad, sus costumbres, sus lenguas y dialectos (?), su manera de ser, sus razas, para que las izquierdas piensen un poco sobre la federación de los pueblos ibéricos. La Federación dicen admitirla todos los republicanos, todas las izquierdas, incluso los partidos comunistas. Si es así, ¿por qué en lugar de hablar de frente anti­fascista no se hace el frente anticentralista y se va camino de la Federación? Lea el lector detenidamente Nuestra República de Pi y Margall que publicamos en primer término y verá de la manera que la República Federal impide todo fascismo (seudónimo de Dic­tadura) y ponea la salvaguardia los intereses del Estado y de los pueblos.

Ahí está el camino y por dónde deben ir unidas las izquierdas peninsulares; no es otro el camino ha [sic] seguir.

Fuente: Renacimiento Aragonés, 4, 1 de diciembre de 1935.
 
     
   
 
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