26.- La Iglesia y los pueblos
Estamos delante, o mejor dicho, tenemos ante nuestros ojos y lo contemplamos seguidos del tik-tak de la máquina de esta música que nos acompaña la escritura del retrato de nuestro gran Costa a la izquierda, y a la derecha el banderín de excursiones de la Juventud Los Almogávares, banderín barrado y a un extremo la estrella blanca sobre fondo azul, símbolo de firmeza y federación. Dos imágenes cual mejor. Costa, el verbo de la elocuencia, de la sabiduría. de la austeridad cumbre, de la honradez ejemplar, del luchador incansable por un Aragón grande, rico y próspero, justiciero, progresivo: libre.
Banderín de juventud, trapo barrado de Aragón, del Aragón que fué del que volverá a ser pronto. «Juventud», energía, firmeza, heroísmo, entereza y virtud. Bandera que recuerda nuestro pasado y previene nuestro avenir [sic]. Dos almas virtuosas que nos hacen volver los ojos hacia los lados de la Redacción donde contemplamos el verdugo de Felipe II, mostrándonos la cabeza del Justicia de Aragón, orgulloso de haber cumplido un mandato del rey castellano. Tres forzudos baturros levantan un enorme poste donde está atada la bandera de los aragoneses, las viejas como jóvenes BARRAS de Aragón.
Contemplando todo este panorama que amarga nuestra alma de aragoneses, recordamos la maldad que la Iglesia ha causado al pueblo aragonés, y la que todavía está causando sin que se avergüence de su maldad y de su obra.
Nos parece oír a Costa por boca de Numisio, cuando enjuicia ante el pretor romano lo que es la religión y lo que llega a destruir. No es Numisio que habla, es Costa que condena la maldad de esa religión que llegó a dominar el mundo, para destruirlo y pervertirlo como pervierte a sus feligreses. Es la religión de la Inquisición, de los martirios más horrendos que recuerda la Historia de los pueblos. Aún no ha hecho suficientes estragos, aún pretende más, aun el pueblo no es demasiado pobre, lo ha de ser más, ha de sufrir todavía, aún no ha podido ganar la gloria del cielo. Sufre, pueblo, sufre...
Se enriquece la Iglesia a costa de tu sudor, de tu trabajo. Te mantiene en miseria para luego tener motivo de socorro, de piedad, de favor... ¿No os dais cuenta de ello? Las iglesias son el foco de la farsa y de la mentira, del enga
o donde se fraguan los crímenes, porque los crímenes son cotizar las conciencias ajenas y amenazarlas en nombre de un Dios que [sic] ellos aborrecen y no creen. La Iglesia, es la prostitución más asquerosa que se conoce.
Campanas, sermones, procesiones y rosarios son preludio de la farsa, de la mentira que desoye la virtud de Cristo, del Nazareno. La Iglesia es para los privilegiados, no para el pueblo. Es para los que cometen faltas y pecados. Es para los potentados que viven a costa del trabajador, explotándole, chupándole la sangre y martinzándole, y luego necesitan un perdón que les haga morir tranquilos y puedan llegar a ganar la gloria y el perdón de un Dios que no han visto ni conocen, creyéndose que así salvan su alma negra. El pueblo no necesita perdones de nadie, porque no falta ni miente ni engaña.
Y tú, Banderín de juventud, sigue tu marcha ascendente por Aragón, para que te recojan todas las juventudes de nuestra Patria y te enarbolen por todas partes, recordando que Aragón es toda una NACION, es todo un pueblo, que si hoy no lo parece fue y volverá a serlo. Que nuestro NACIONALISMO sea pregón del nacionalismo ibérico.
¡Verdugo de Castilla, vestido de heraldo para más arrogancia, cumplistes el mandato de un rey absoluto! Bien el encargo, no te acordaste que Castilla también tiene unos héroes, unos comuneros que, como Lanuza, perdieron la cabeza por defender sus libertades.
Majo [sic] forzudos baturros levantando la Bandera de Aragón, levantadía bien alta que la vean de todas partes, de toda Iberia, de toda Europa como la vieron en otros tiempos cuando Aragón era libre.
Fuente: Renacimiento Aragonés, 8, 1 de febrero de 1936. |