28.-Autonomía aragonesa
En torno al nombramiento y formación del Consejo Regional de Defensa de Aragón, se están haciendo muchos comentarios, y también algún silencio; se forman conjeturas no muy favorables, criterios y conjeturas que no puedo compartir ni como aragonés ni mucho menos como ferviente defensor que siempre he sido de la autonomía aragonesa, de la libertad de Aragón y de la federación de los distintos pueblos de Iberia. Mi lucha de un puñado de años, tanto en la Prensa como en la tribuna pública es testimonio de esta manifestación. He sido y sigo siendo consecuente de la idea [sic], y más si cabe defensor acérrimo de los independencia de los pueblos.
El hecho nacional de los mismos no reñido con la universalidad del proletariado es, para mí, el derecho individual. De nada serviría un Aragón autónomo con esclavitud humana. De nada, tampoco, serviría un Aragón autónomo sujeto, como estaba Cataluña antes del 6 de octubre, pendiente siempre de un Poder centralista, expuesto a un simple plumazo y que todo se fuera al suelo, como ocurrió a los catalanes. Es Aragón quien debe estructurarse su autonomía y su independencia a modo de su vida, de sus necesidades y manera de vivir y ser de los aragoneses.
Saludemos, pues, al primer Consejo de Defensa de Aragón, saludo cordial y sincero.
Por otra parte, también hay quien alude a nuestra obra pasada, tratándola poco menos que de inútil e ineficaz. No. No creemos que esta idea la suscriban y la compartan los camaradas qué forman el Consejo de Defensa; habrán tenido muy en cuenta la labor que se llevó a cabo durante los primeros días de mayo pasado en Caspé, durante el Congreso pro Estatuto, donde se adhirieron, por cierto, muchos núcleos confederales. Ayudaron, pues, unos y otros, a plantear la cuestión autónoma camino llano de simpatía que han hallado los componentes del Consejo de Defensa de Aragón. Sería gesto de ingratitud no [sic] se reconociera tal labor ni se tuviera en cuenta la labor realizada de unos años a esta parte porque, precisamente hoy, dirigen la Revolución que defendemos.
No pretendemos nada ni a nada aspiramos; pues nos cabe la satisfacción que [sic] Aragón renazca y sea libre de sus destinos, ante la Revolución, políticamente; quedamos sumergidos, es decir, nos sumergimos voluntariamente en lo que haga referencia a la vida aragonesa para no entorpecer la obra que empieza el primer Consejo de Aragón. Mas, si en algún momento se nos reconoce nuestra obra y con algo podemos ayudar a la nueva formación de la vida aragonesa, tanto social como económica, se sabe donde hallarnos y en ningún momento negaremos ni renunciaremos a la colaboraci6n desinteresada, porque entendemos que tanto se lucha contra el fascismo y en bien de la Revolución en la avanzada como la retaguardia.
Pláceme, pues, como aragonés, congratularse [sic] de la formación del Consejo de Defensa de Aragón, esperando dias de triunfo para la extirpación total del fascismo demoledor y criminal, de la liberación del pueblo aragonés y victoria final de la Revolución.
Fuente: Solidaridad Obrera, 29 de octubre de 1936. |