6.- Nacionalismo aragonés
Es inegable [sic] la existencia de un espíritu nacionalista aragonés, toda vez que es inegable [sic], también, la existencia de un pueblo que se apellida Aragón y goza -aunque no se le quiera reconocer- una personalidad bien definida y bien propia.
Fijándonos en nuestra afirmación bien patriótica, alguien habrá que hará un gesto irónico y en vano hallará la representación del nacionalismo aragonés pues, que aparentemente, en ninguna parte aparece la manifestación de nuestro sentimiento nacional, si no es en las modernas publicaciones que nosotros editamos.
Eso es cierto, es verdad; pero no olvidemos que, de la personalidad colectiva, no somos los hombres de ahora precisamente los que debemos llevar la representación; tenemos una Historia, la historia de Aragón, y delante de ella no cuesta mucho evidenciar la afirmación de nuestro carácter y de la existencia de nuestra raza.
El sentimiento nacionalista aragonés se mantiene y manifiesta en un símbolo viviente, que es la bandera nuestra, la bandera barrada, la cual, mientras la mantuvieran los hijos de la patria, no toleramos inuncal que ninguno la ultraje. Llevándola desplegada por los anchos mares, engrandeciendo la propia influencia liberadora y civilizadora, respetando y acatando las libertades ya establecidas, la señera catalana y el pendón barrado nuestro en fraternal unión, reunidos por íntima concordia; la historia no recuerda otro semejante.
La afirmación del carácter nacionalista nuestro, del sentimieñto colectivo de los aragoneses, debe manifestarse siempre acentuándolo cada vez más, el deseo de mostrar delante del mundo y de la civilización presente que somos y queremos ser un pueblo digno, rehusando todas las pequeñeces e íntimos atributos que nos embocallado [sic] de un modo estupendo, en una falsa aureola de pueblo brutal, compuesto de hombres testarudos sin civilización ni cultura, sujetos a la veneración de una serie de anacronismos...
Al [Sic] esconder nuestro carácter, es esconder nuestra propia alma, negar nuestra vida, ahogar nuestra existencia.
Aragón como pueblo libre, como pueblo culto, lleno de grandeza y riquezas no puede, no debe ocultarse en el olvido, es menester que se mueva, que se anime, que se transforme en su libertad perdida y pasada, pero a la moderna.
En el momento que escribimos estas líneas nos encontramos en vísperas de la celebración de la Asamblea regionalista que debe resolver y dictaminar todo eso, pero lo que acuerde la Asamblea no
va a ser valedero si los aragoneses, todos, no cojemos [sic] por nuestra cuenta lo acordado y lo propagamos desinteresadamente y lo mantenemos como una doctrina de apostolado.
Repito, la manifestación nacionalista nuestra, está en nuestro propio espíritu al declararnos aragoneses de nacimiento. ¡Viva la libertad de Aragón!
Fuente: El Ebro, 20, 5 de diciembre de 1919. |