8.- La crisis del regionalismo en Aragón
Con el mismo título que encabeza el presente artículo, tenemos en preparación un folleto de propaganda aragonesa que aparecerá a la luz pública cuando las circunstancias lo permitan y la hacienda del autor [sic]. Estos dos obstáculos se oponen a que aparezca dicho folleto. En el se hará historia detallada del movimiento regionalista primero, luego aragonesista que ha surgido en Aragón. Hoy no ofrecemos otra cosa a nuestros lectores, con motivo de las dos cartas interesantes que se han publicado en El Ebro, la de don Julio Calvo Alfaro y la del doctor Rocasolano, que con un boceto de lo que será el folleto de propaganda que coincide ya, antes de estar impreso, con lo expuesto por nuestros dos hombres, cabezas del movimiento aragonesista. Los dos han sabido exponer con claridad la acertada y desacertada manera con que tenemos que luchar. El primero, Calvo Alfaro, pone todas sus esperanzas en un pronto viraje de los aragoneses que en nada piensan en Aragón. Confía plenamente en un cambio que ofrecerán todos aquellos nacidos en nuestro pueblo que jamás han sentido sed de justicia; confía en una pronta y radical transformación de esa servidumbre aragonesa de que nos hablaba el otro día. Cree (y yo también lo creo) que si ahora sienten mal, mañana sentirán bien.
El señor Rocasolano, uno de los pocos prohombres del aragonesismo que lucha con fe desinteresada, nos desanima al principio de su carta ofreciéndonos una realidad palpable de lo que han sido sus compañeros de lucha. Al final, no nos abandona; no deserta de nuestras filas, y confía, como el señor Calvo, que triunfaremos [sic]. Triste es decirlo, pero el señor Rocasolano está en lo cierto de cuanto dice. Los dos han sabido exponer la realidad aragonesa. En el fondo coincidimos los tres: ellos y yo con mi folleto en preparación.
Calvo nos da una idea de cómo debemos de luchar, sin reparar en nada. Nos induce a embestir al enemigo, que es el centralismo, y todo su séquito, dejando a un lado los tiquis-miquis que preocupan a nuestros hombres de figura elevada.
El señor Rocasolano, después de ofrecernos toda clase de garantías que puede ofrecer un hombre a una juventud desorganizada como es la juventud de los nacionalistas aragoneses (hablo en conjunto), pinta la inutilidad de todos sus esfuerzos para unir la causa común de todos los aragoneses y conjurar el problema (Aragón también tiene problema) de Aragón.
Expone todas sus quejas de un modo imparcial, creyendo perentoriamente que el pueblo no siente, que el pueblo no está capacitado para recibir esa clase de enseñanzas (el aragonesismo es una enseñanza) y preocupaciones en la parte económica que tanto afecta los aragoneses en general.
Por otra parte, viene a decir que para nada han servido sus sacrificios, sus trabajos, fustigando a los demás que han desertado de su lado. Esa es la crisis lenta que se ha experimentado en Aragón sobre regionalismo.
Al calor de la Solidaridad Catalana despertó Aragón, siendo sus primeros propagadores los señores Moneva, Marraco y Samblancat. Siguieron otros y pareció que Aragón iba a pedir el reconocimiento de su personalidad. La pereza de aquellos primeros hombres que no supieron encauzar el movimiento tal como debió ser, trajo a la palestra los [sic] aragonesistas que viven en Barcelona trabajando sin descanso para unir aquel movimiento y darle norma viril y legal. En vano ha sido nuestro esfuerzo, y he aquí la crisis que venimos hablando de un principio.
¿Hay medio de conjurar esa crisis?
Sí: porque no es de vida, sino de acción; de organización que no saben amoldar nuestros hombres. Existe crisis, pero no de ideología, porque ésta la sienten todos los aragoneses, sino de procedimiento; de procedimiento que abandonan la mitad de los que forman la dirección del movimiento y que residen en Zaragoza, no cooperando como debieran junto a su presidente señor Rocasolano.
Se sale con la cantarella eterna que el pueblo no siente, y, si siente, siente mal. ¡Mazmorra de cantarellal El pueblo siente mal si se le hace sentir mal, pero si se le hace sentir bien, bien siente. Todos esos sofismas y artes fariseas empleadas en la propaganda han hecho que el regionalismo llevase una vida arrastrada y no confortara debidamente las aspiraciones del pueblo, sin abandonar el pueblo la parte que le corresponde como personalidad que da matiz de su carácter y caracteriza en pleno la raza almogavar que mantiene nuestro fuero.
Giménez Soler es uno de los hombres que trabajan de firme, pero es inconsecuente, en lo político, como los demás. Marraco mantuvo un partido Republicano Autónomo que pareció iba a dominar en algunas localidades aragonesas, Samblancat, abandona (sin renunciar) la causa autonomista aragonesa.
Miral dirigió La Crónica, periódico que, acaso por carecer de ideología propia, dejó de publicarse, y así sucesivamente presentaríamos una galerla de regionalistas ilustres, pero que la pereza y la inconsecuencia nos apartan un poco de ellos.
Sienten Aragón, pero no lo sienten con el calor que lo debieran sentir.
Nace la Comunidad de Municipios, quisieron abarcar centenares de municipios, y no abarcaron nada. Les absorbió la tradición municipalista, pero no saben que antes, cuando dominaba la idea municipalista, era municipios aragoneses y desde el decreto del año 33 pasaron a ser españoles, simplemente españoles, primer factor de la crisis, no regionalista, sino aragonesa.
Procuremos, ante todo, ser aragoneses, que nada tendremos que lamentar, y la crisis regionalista estará solventada.
Fuente: El Ebro, 53, 20 de mayo de 1921. |